viernes, diciembre 09, 2011

EL FILOSOFO

La vida es una serie de encuentros y despedidas. Sin dolor no hay experiencia y de la felicidad absoluta nace el engaño. Si, eso reflexiona Luis mientras espera para cobrar el dinero de su seguro social, Luis tiene 60 años y esta cansado. En la fila están formados los muertos de hambre, los invisibles, los que Luis debe observar una vez al mes de su vida. En la ventanilla los atiende la misma tipa de todos los fines de mes. En el letrero frente a ella se lee su apellido: Rivera. La llaman doña Regla, por los dolores que le provoca cada fin de mes a los perdedores que se ven obligados a confrontarse con ella.

En la pobreza Luis aprendió a ser paciente, a golpe de negativas y lecturas nocturnas de libros de filosofías tranquilizadoras. Si, el bla bla bla blo de los filósofos que aconsejan cómo lamerse las heridas que provoca el diario existir entre tanto comemierda, le otorga alivio.

Los minutos pasan y se convierten en horas. Luis se concentra. Sus pensamientos son cada vez más profundos. Olvida el mundo. Ignora los insultos de los desesperados.

Piensa y piensa.

La felicidad...

Luis sabe que la felicidad no existe, que es un invento de los más listos para subyugar a los más tontos. Lo que no se explica es que si él es tan listo, por qué vive como los más tontos. No importa, reconoce que el destino es una puta caprichosa. Prefiere ignorar su suerte.

Recuerda las palabras de Epicuro, el cual afirma que para llegar a la felicidad absoluta es necesario rechazar las pequeñas felicidades que a la larga se transforman en tristezas. Si, Luis anhela la felicidad absoluta ¡Mierda! ¿Por qué debe soportar la cara de culo de doña Regla? ¿Acaso los seres libres merecen ser tratados así?

¡EL SIGUIENTE!, grita doña Regla, blasfema.

El siguiente es Luis.

Se acerca, enojado y capaz de cualquier cosa…

-Señora Rivera… ¡Váyase a la mierda!

Doña Regla, tranquila, responde ¡EL SIGUIENTE! y Luis es sacado a empujones por el policía de la entrada, sin recibir el dinero del mes.



Luis Torres. 2007.

5 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Una triste realidad. Y es que la vejez es triste y esta doña Regla, quizás piensa que nunca llegará a vieja.

Un buen relato.

Saludos cordiales.

Trovator dijo...

El precio de expresarse como uno siente. Cuál será la historia desde el otro lado?

Un abrazo compañero!

marichuy dijo...

La vejez es triste y la paciencia, por más que se tenga, también tiene un límite.

Saludo afectuoso, Luis

¤Jû€nðy dijo...

La prox primero recoge tus cosas luego dejas los recados =)

BEATRIZ dijo...

Los seres libres, merecen sentirse libres Luis. Cuesta tanto.

Bien redondeado el relato.

Saludos grandes.