sábado, julio 12, 2008

RECUERDOS (cuento)

Existen esos momentos, sí, cuando el mundo aturde y las estupideces que se hablan lastiman los oídos de los callados, si, en esos momentos Luis prefiere ir a cagar; es el único placer que disfruta y no molesta. Sí, cagar, sobre todo cuando las tripas exigen el tributo diario del desahogo. Luis caga feliz, y cada mojón que sale le provoca escalofríos de emoción. No le gusta leer sentado en el WC, porque su obsesión de maniaco le obliga a pensar que la peste a mierda se queda pegada en las hojas del libro y se ve obligado a tirarlo en contra de sus sentimientos, no, mejor prefiere concentrarse en las sensaciones que el esfínter le regala con cada pujido. Evita cagar en baños públicos. Los culos en realidad le parecen asquerosos, irremediablemente asquerosos, sólo soporta el propio, ignorándolo de vez en vez para olvidar que dos hoyos son los que dirigen el destino del planeta: la boca y el ano, dos hoyos horribles… ni dios, ni el universo, ni la fuerza de gravedad, ni siquiera la falta de oxígeno, no, son esos dos hoyos los que deciden quién pasa a la siguiente etapa de la evolución y quién se queda atrás, hambriento, o estreñido, hasta morir.
Luis reconoce que el creador demostró ser inteligente por colocarle la nariz muy lejos del culo y la boca cerca de los ojos. No es bueno meterse a la boca cosas que no se pueden ver, de lo contrario se llevan sorpresas desagradables; tampoco es bueno olerse el culo propio (Luis lo intenta de vez en cuando pero queda retorcido en el intento) porque uno se pierde el respeto a sí mismo. El famoso beso negro, la cueva del diablo, todo mitos.
Eso piensa Luis y recuerda la vez que se atrevió a ser ayudante laico de los misioneros Salesianos, cuando se metió en la selva más verde y jodida del mundo a llevarle ayuda a los indígenas, si, ayuda médica, de campo, enseñarles a leer. Lo que no le gustó de los cuatro días de caminar entre los arboles y los matorrales gigantes fue cagar. Su placer favorito se transformó de un golpe en una tortura; MIERDA, pensaba el joven Luis mientras cagaba en posición de águila con una hoja de palma en la mano para limpiarse el culo.Se puso de mal humor, quizás fue por eso que quiso hacerse el gracioso moviendo el antiquísimo puente colgante cuando todos lo cruzaban. El puente se reventó. Los misioneros y los doctores cayeron a las fuertes corrientes del río, así que sálvese el que pueda. La medicinas se perdieron, entre ellas la anestesia para sacarle los dientes carcomidos por las caries a los indígenas.
Lo que más le dolió a Luis no fue el incidente, sino que nadie le reprochara nada. Durante el resto del camino lo dejaron tranquilo y Luis comenzó a descubrir su jodida conciencia. En el pueblo les anunció el traductor a los indígenas que no sería posible sacarles los dientes ese año, pero el próximo quizás si… les explicó que no tenían la medicina para aplacar los horribles dolores de una sacada de muelas, o colmillos. El jefe del pueblo habló en su lengua, primero con su gente, depués con los misioneros, encabronado, bla bla bla bli bli bla….El traductor miró con terror a los misioneros y doctores y les dijo que el pueblo había decidido que les saquen las muelas a puro pelo, así nomás, a valor de rancho, porque preferían que les doliera ese día el alma que sufrir un año más el infierno que provoca una dentadura podrida. La dentista aceptó la prueba… pero sola no voy a poder, dijo, necesito que me ayude alguien fuerte… todos miraron a Luis y éste respondió bueno, yo ayudo.
En una de las chozas de palma comenzó la masacre. Primero entró un viejito. La dentista hizo ZAC ZAC con una pinza plateada; a Luis se le puso la carne de gallina. Cógele la frente con ambas manos, desde atrás, le dijo la dentista sin mirarlo… Crooooggggg, mmmmmm, el viejito no gritó, no se quejó, nada, sólo una lágrima gorda resbaló por su arrugada mejilla. Luego vino una señora raquítica y la dentista ya había calentado, Croooggg, mmmmm. La muela salió rápido. A Luis le temblaba el cuerpo… tanta sangre, demasiado dolor callado. Lo peor fue cuando le tocó el turno a los niños, pero de eso prefiere no acordarse, además ya terminó de cagar.
Luis se limpia el culo con el papel que todavía no le paga al tuerto. Baja el agua y escucha con atención el gluuurrp del pequeño remolino.
Quizás por eso le gusta cagar, porque con cada mojón que echa siente que va desalojando esa mierda que tanto le pesa en el corazón.


Nota: Este cuento y otras de la misma serie lo escribi ya hace miles de años cuando fuí por muy poco tiempo alumno de literatura de la universidad San Marcos, lógicamente a los profesores les parecio una mierda pero alli les dejo yo para que opinen.

Si les gusta, les ire soltando cosas que escribi por aquella epoca, epoca tan dorada para mi.

6 comentarios:

Pinche Vieja dijo...

jajajajajaja ah que Luis tan sabio...

jajajajajajajajajaja no mames jajajajajaja... crudo sencillo y directo, me late.

Kathy anda acá:
http://kathylfgh.blogspot.com/

Un besototototote!!!

LUIS TORRES dijo...

andele..

¤Jû€nðy dijo...

jajaja...
no se como fue q no, te has estreñido con tanto remordimiento de conciencia q deberias tener x todos los "dolores callados" provocados ese dia ¬¬'
con too interesante xD

carla'sdreams dijo...

jaja :D , si , es mejor concentrarse en WC, leer te distrae y no puedes disfrutar de tu descarge ;) besitos he reido mucho con tu cuento , de tus dias dorados.
ta

Itzi Citlally dijo...

JAJAJAJAJA QUE COSAS ESAS DE CONTAR TUS ANECDOTAS DE CUANDO VAS A L BAÑO JAJAJAJA ; PERO ME ENCANTO LA HISTORIA QUE NOS CONTASTE YA ME IMAGINO COMO TE LA HAZ DE VER PASADO NOMBRE QUE GACHO FUE ESO DE LA SACADA DE LOS DIENTES GURRRRR.

SALUDOS LUIS QUE TE LA PASES MUY BIEN.

Itzi Citlally dijo...

AH LUIS SE ME OLVIDABA VE A MI BLOG Y VE LA ENTRADA QUE PUSE SE LLAMA "UNA SEÑORA CON HUEVOS Y CON MUCHA RAZON" TE ENCANTARA ESCUCHAR ESO.